MOSÉN DON LUIS LASHERAS BALLARÍN, SACERDOTE IN ETERNUM, EN EL RECUERDO.

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A veces tenemos la suerte de conocer y poder convivir con personas extraordinarias, más bien personalidades, y sólo con el paso del tiempo nos damos cuenta de su grandeza. En ocasiones demasiado tarde, cuándo ya han fallecido. Y entonces lamentamos no haber frecuentado más su trato.
Hoy, 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, quiero recordar a uno de esos santos contemporáneos, no declarado como tal por la Iglesia Católico, pero si digno de serlo. O, por lo menos, un Ángel, una de esas personas enviadas por Dios para hacer la vida más fácil a sus semejantes, irradiando bondad en todas y cada una de sus actuaciones.
El pasado día 2 de septiembre de 2015 falleció don Luis en el Hospital Miguel Servet de Zaragoza, cuándo todo hacía presagiar una rápida recuperación. Se cumplió el viejo proverbio de que el hombre propone, y Dios dispone…
Rápidamente escribí un artículo, a vuelapluma, pero pasado algún tiempo, con más frialdad, pero también con imparcialidad y probidad, con el fin de perpetuar su memoria, su buena memoria, quiero destacar algunos rasgos de la extraordinaria personalidad de don Luis.
A mi modo de ver, y sin ser exhaustivo, son los siguientes:
1º. Su profundo amor a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.
Luis hubiera podido hacer una brillante carrera sacerdotal, si hubiera querido, pues tenía capacidad intelectual y cualidades humanas más que sobradas para ello, pero prefirió gastarse al servicio de la Iglesia en el mundo rural, en una zona cada vez más despoblada, dónde las condiciones de vida son duras, por no decir pobres, y reina la austeridad.
Creo que se impuso su profundo amor a los habitantes de las tierras que habitaban sus antepasados, a las Iglesias y ermitas que se estaban cayendo, y que gracias a su callada pero tenaz labor, consiguió restaurar y rehabilitar en muchos casos.
También esa expresión moderna que no me gusta, pero creo refleja su planteamiento: puso en valor a su tierra y a sus gentes. Contribuyó a la dignificación del Valle del Isábena, y aseguró la presencia de la Iglesia en estas tierras que fueron cuna del cristianismo en España.
2º. Su gran amor a sus padres, hermanos y familia.
El último día de su vida me contaba don Luis que después de ser ordenado sacerdote, con 24 años, encendió un pitillo en su casa paterna, pero que su padre le había dicho: “¿Y a ti quien te ha dado permiso para fumar?”. Y, sonriendo, me decía que había apagado el cigarro, y no había contestado nada. A pesar de que, decía, podía haberle dicho: “me ha autorizado el señor Obispo”.
Tal era su respeto por su padre.
Y su amor a sus padres, hermanos y especialmente al hermano invidente, que creo contribuyeron decisivamente a que viera como una obligación moral ser un apoyo para la casa, al tiempo que a la dignificación de la vida rural, del trabajo agrícola y ganadero, sustentado en el huerto, la labranza de las duras tierras de secano del patrimonio familiar, en fin, ayudando a salir adelante a sus familiares.
3º. Su trabajo por Cajigar y el Valle del Isábena.
Recuerdo que ese 2 de septiembre pasado, como tenía muchas ganas de hablar, comentamos que al final todos los Ayuntamientos del Valle (Capella, Lascuarre, Castigaleu y Monesma-Cajigar), tendrían que acabar confluyendo en uno sólo, posiblemente como única forma de evitar ser absorbidos por Graus, la localidad más grande, y cabecera de la comarca.
Me decía que había trabajado mucho por ese proyecto, pero que le fue imposible conseguirlo, por los personalismos locales que hacían que ninguno de los Ayuntamientos quisiera renunciar a serlo, y mucho menos a la capitalidad del nuevo municipio, que podría llamarse Ayuntamiento del Valle del Isábena…
Pensaba que si no lo hacíamos, y estoy completamente de acuerdo con él, al final íbamos a ser integrados en Graus, manu militare, es decir, obligatoriamente, y que esta localidad recaudaría todos los impuestos, pero luego destinaría muy pocos a los pueblos del Valle, todos ellos con múltiples carencias y necesidades.
Y creo que no se equivocaba.
4º. Su deseo de ver una Iglesia unida, sin grupos cismáticos.
El mismo día 2, con ocasión de la carta pastoral del Papa Francisco, por la que se concede la Indulgencia con ocasión del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, facultando a todos los Sacerdotes a absolver a las mujeres que hubieran abortado, siempre que se arrepintieran de ello, adquirí un ejemplar del diario “La Razón”, que tenía una doble página con amplia información al respecto.
Le resumí el contenido del documento, para que no se fatigase leyéndolo, y comenté la parte final de la carta, dónde autorizaba a los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X, llamados también “Lefebristas”, a absolver, válida y lícitamente “a los files que por diversos motivos frecuentan las Iglesias donde celebran estos sacerdotes… “.
A don Luis esta reconciliación con los hermanos escindidos le emocionó, y como me decía, extendiendo ambas manos: “el Papa les han tendido las dos manos. Si no quieren venir y estar con nosotros, es problema suyo, pues más ya no se puede hacer”.
Creo fue una de las últimas alegrías de su vida sacerdotal.
Mosén Luis, descansa en paz. No se si fuiste un Santo o no, pues no soy yo quien para decirlo, pero lo que si tengo claro es que fuiste un Ángel enviado por Dios a este Valle del Isábena, y espero que desde el Cielo sigas apoyando y protegiendo a todas estas buenas gentes, que tanto te queremos y debemos.


La Tribuna del País Vasco y Sierra Norte Digital,

1 de noviembre de 2015.

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