Decía Alfonso Guerra, cuando asaltaron la Justicia, con la reforma de la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985, que “Montesquieu ya estaba muerto”, y que “a España no la iba a reconocer ni la madre que la parió”.
Y en esas estamos.
Las hordas comunistas –en nuestra Patria no hay socialistas-, se han apoderado de los tres poderes (solo se resiste el Tribunal Supremo, y no sabemos por cuanto tiempo), y no piensan bajarse del burro, ni aunque el burro, es decir el pueblo español, no pueda mantener este estado hidrocefálico en el que malvivimos, con cerca de cuatro millones de empleados públicos, la mayoría por riguroso enchufe.
Franco regía una España de 35 millones de habitantes con solo 700.000 funcionarios, sin informática ni ordenadores, pero ahora con todos los medios técnicos, se “necesitan” cerca de cuatro millones.
Son el “botín del vencedor”, y claro, ¿a quién van a votar, sino a quien les da de comer, con nuestro dinero…?
Y la cuadratura del círculo es que nunca se había atendido tan mal a los ciudadanos, más bien súbditos, y contribuyentes, muy contribuyentes, como ahora.
¡Tienes que hacerte absolutamente todo, y cada día te atienden peor, con citas previas, muchas veces poniendo a los más tontos del lugar para dar información, etc.!
Que España ya es un estado fallido, creo está fuera de toda duda razonable.
Y que cada vez dan más ganas de hacer las maletas, vender las propiedades, y marcharse a una nación seria, donde se respete la vida, libertad, seguridad y bienes privados, también.
Solo la edad nos impide hacerlo…
Y el amor a nuestra Patria, y los deseos de seguir siendo la típica mosca cojonera, que dice las verdades del barquero, pero al que nadie, o casi nadie, hace caso.
Dicho lo cual, seguiremos cumpliendo con nuestro deber, diciendo las verdades que nadie quiere oír, hasta que Dios nos llame a su lado.

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