Pilar Alegría, la tristeza de Aragón

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Decía don Antonio Burgos, en su libro Libelo contra Madrid (ed. Planeta, 1980), que los políticos de provincias cuando llegaban a Madrid, creían haber descubierto el Paraíso terrenal, y su estancia en la Villa y Corte era un espejismo: en la provincia de procedencia creían que su “representante” era muy importante en Madrid, y en Madrid creían que lo era en la provincia…

Y no era verdad, ni lo uno ni lo otro.

La mayoría, por no decir todos, eran personajillos insignificantes, que no pintaban nada, en ningún sitio, y que solo vendían humo.

Más o menos como Pilar Alegría, de cuyo paso por el ministerio de educación, lo único bueno que podemos decir es que no ha hecho absolutamente nada.

De cualquier forma, sigo sin entender porque no se le llama ministerio de enseñanza, porque la educación, la buena educación, siempre he pensado que debe impartirse en la familia.

Los maestros y profesores deben desasnar a los niños, y nada más.

Ahora, en cambio, se convierten en comisarios políticos de los partidos de izquierdas, y se dedican a adoctrinar a nuestros hijos, intentando meterles en la cabeza todo lo contrario de lo que les enseñamos sus padres.

Y Alegría, que no ha sido maestra en su vida, salvo alguna esporádica clase particular, ha vivido –y opíparamente- toda su vida del cuento de la política, convertida en una zascandil profesional, de esos que solo sirven para crear problemas nuevos, siendo totalmente incapaces de solucionar alguno…

Esa dedicación, profesión o vocación de animal político, le ha permitido tener dos pisos en propiedad en Zaragoza capital, y un apartamento en la playa, eso que sepamos.

Y claro, no está dispuesta a ponerse a trabajar, a estas alturas de la vida, 48 años, creo recordar, y se quiere “sacrificar” (más bien, sacrificarnos), asumiendo la Presidencia de Aragón.

¿Qué sabe de Aragón, de los problemas de nuestra tierra, cuando los casi últimos cinco años de su vida los ha pasado en Madrid, como palanganera de su amo y señor, Pedro Sánchez…?

Despotricando contra Aragón, y todas las regiones españolas, a excepción de Cataluña y el País Vasco, ante las cuales ha puesto la alfombra roja, dándoles todo lo que piden, e incluso más.

Y viviendo en un pisazo oficial, de más de trescientos metros cuadrados de extensión, y gratis total, a pesar de tener la desfachatez de fotografiarse en la puerta de una casa normal y corriente de La Zaida, Zaragoza, su localidad natal, y que supongo será de sus padres, o algún familiar.

E invocar a todas horas sus orígenes humildes, de pueblo, como si la mayoría de los aragoneses procediéramos de la alta nobleza, y fuéramos ricos de nacimiento…

Cinismo, hipocresía, llámenlo ustedes como quieran.

Se trata de engatusar al votante, más bien botonto, con b. de borrego, que se sienta representado por semejante individua, que antes hablaba con toda altanería e ignorancia desde su puesto de portavoz del gobierno (en su caso, más bien portacoz), y que ahora va por los pueblos, disfrazándose de apicultora, y lo que haga falta, y abrazando y besando a todo el mundo.

¡Y cuando abrace a alguien con solo una pierna, recuerde que no es una persona, sino una farola!

¿Por qué tenemos que confiar los aragoneses en una política profesional, que en cuánto ha podido ha salido pitando para Madrid, pasando de todo, y solo ha vuelto por orden de su jefe, y supongo que a regañadientes…?

En fin, pronto sabremos los aragoneses que pensamos, en verdad, de ella, y su vocación de servicio, o de servirse de los botontos aragoneses.

Publicado en Periodista Digital (05/01/2026) y El Español Digital (06/01/2026)

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